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Jn 6, 68s. Para comprender dicha confesión es igualmente indispensable tener en cuenta la confirmación por parte del Padre mismo, y a través de la Ley y los Profetas, después de la escena de la transfiguración. Lc 9, 23 , del mismo modo que su explicación del seguimiento del Crucificado hace referencia a aspectos fundamentales de la existencia humana en general.

Jn 12, 24s. Centrémonos ahora en las distintas partes de este gran entramado de sucesos y palabras. Marcos y Lucas, cada uno a su modo, nos introducen, por así decirlo, en la ambientación interior del suceso. Los discípulos quedan incluidos en ese "estar solo", en su reservadísimo estar con el Padre. Pueden verlo en lo íntimo de su ser, en su ser Hijo, en ese punto del que provienen todas sus palabras, sus acciones, su autoridad. Jeremías, en su padecimiento, en su desaparición en la oscuridad de la contradicción, es portador vivo de ese doble destino de caída y de renovación.

Por tanto, pueden hablar de Dios a otras personas a las que esa "disposición religiosa" les ha sido negada, haciéndoles así partícipes, por así decirlo, de su experiencia de Dios. Así, la palabra "experiencia" hace referencia, por un lado, a un contacto real con lo divino, pero al mismo tiempo comporta la limitación del sujeto que la recibe.

Por tanto, a fin de cuentas, el criterio sigue siendo el hombre mismo, cada individuo: cada uno decide lo que acepta de las distintas "experiencias", lo que le ayuda o lo que le resulta extraño. En esto no se da un compromiso definitivo. A la opinión de la gente se contrapone el conocimiento de los discípulos, manifestado en la confesión de fe. Puede surgir la tentación de elaborar una historia de la evolución de la confesión de fe cristiana a partir de estas diferentes versiones.

Sin duda, la diversidad de los textos refleja también un proceso de desarrollo en el que poco a poco se clarifica plenamente lo que, al principio, en los primeros intentos, como a tientas, se indicaba de un modo todavía vago. Sólo después de esta prohibición sigue la explicación de lo que significa realmente "Mesías": el verdadero Mesías es el "Hijo del hombre", que es condenado a muerte y que sólo así entra en su gloria como el Resucitado a los tres días de su muerte. La investigación habla, en relación con el cristianismo de los orígenes, de dos tipos de fórmulas de confesión: la "sustantiva" y la "verbal"; para entenderlo mejor podríamos hablar de tipos de confesión de orientación "ontológica" y otros orientados a la historia de la salvación.

El Señor pone siempre al lado de estas afirmaciones sustantivas la confesión "verbal": el anuncio anticipado del misterio pascual de cruz y resurrección. Ambos tipos de confesión van unidos, y cada uno queda incompleto yen el fondo incomprensible sin el otro. Sin la historia concreta de la salvación, los títulos resultan ambiguos: no sólo la palabra "Mesías", sino también la expresión "Hijo del Dios vivo". También este título se puede entender como totalmente opuesto al misterio de la cruz.

Y viceversa, la mera afirmación de lo que ha ocurrido en la historia de la salvación queda sin su profunda esencia, si no queda claro que Aquel que allí ha sufrido es el Hijo del Dios vivo, es igual a Dios cf.

Jesucristo ¿es Dios?

Flp 2, 7s. Por eso, también los grandes símbolos de fe de la Iglesia han unido siempre entre sí estos dos elementos. Y sabemos que los cristianos -en posesión de la confesión justa- tienen que ser instruidos continuamente, a lo largo de los siglos, y también hoy, por el Señor, para que sean conscientes de que su camino a lo largo de todas las generaciones no es el camino de la gloria y el poder terrenales, sino el camino de la cruz. Eso no puede pasarte" Mt 16, Y como dudamos de que Dios lo quiera impedir, tratamos de evitarlo nosotros mismos con todas nuestras artes.

En este sentido, toda la escena muestra una inquietante actualidad. Ante todo, es importante ver que la forma específica del título hay que comprenderla cada vez dentro del conjunto de cada uno de los Evangelios y de su particular forma de tradición. El poner en relación los títulos de Cristo Mesías e Hijo procedía de la tradición bíblica cf.

Sal2, 7; Sal Desde este punto de vista, la diferencia entre las versiones de Marcos y Mateo se relativiza y resulta menos profunda que en la exegesis de Grelot y otros. Lc 2, Luego viene la pesca abundantísima, que sobrecoge a Pedro profundamente. A la luz y bajo el poder de esta presencia, el hombre reconoce su miserable condición. No consigue soportar la tremenda potencia de Dios, es demasiado imponente para él.

En ese momento el hombre sólo puede estremecerse por lo que él es y rogar ser liberado de la grandeza de esta presencia. Es la denominación de Dios utilizada en el Antiguo Testamento para remplazar el nombre de Dios revelado en la zarza ardiente que no se podía pronunciar. Pedro le pide que le permita también a él andar sobre las aguas para ir a su encuentro. En ese instante el viento se calma. Y reconocen: "Realmente eres el Hijo de Dios" cf. Mt 14, Esto no gusta a los hombres; muchos se alejan de Él.

Con tales reconstrucciones, la ciencia pretende demasiado. Ambos tuvieron sus seguidores, y ambos movimientos fueron reprimidos por los romanos. El hecho de que el proceso ante los romanos se convirtiera en un proceso contra un mesianismo político respondía al pragmatismo de los saduceos. Pero también Pilato sintió que se trataba en realidad de algo muy diferente, que a un verdadero "rey" políticamente prometedor nunca lo habrían entregado para que lo condenara.

Con esto nos hemos anticipado. Volvamos a las confesiones de los discípulos. Era ese "profeta" que, al igual que Moisés, hablaba con Dios como con un amigo, cara a cara; era el Mesías, pero no en el sentido de un simple encargado de Dios. En los momentos significativos, los discípulos percibían atónitos: "Este es Dios mismo". Pero no conseguían articular todos los aspectos en una respuesta perfecta.

El Antiguo Testamento visto con los lentes de Jesús

Pero, en definitiva, siempre estaremos intentando comprender estas palabras. Porque hay otra Cesarea, la llamada de Estratón, y no fue en esta sino en aquélla, donde el Señor preguntó a sus discípulos. Allí los llevó lejos de los judíos, a fin de que, libres de toda angustia, pudieran decir con entera libertad cuanto íntimamente sentían. Por eso justamente tampoco les interroga al comienzo de su predicación.

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Cuando ya había hecho muchos milagros y les había dado tantas pruebas de su divinidad y de su concordia con el Padre, entonces es cuando les plantea esta pregunta. Con lo que buscaba el Señor el sentir incorruptible del pueblo.

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De ahí que requiera otra de ellos y les plantee nueva pregunta, a fin de que no cayeran juntamente con el vulgo. Y es que la gente, como le habían visto hacer al Señor milagros muy por encima del poder humano, por un lado le tenían por hombre, pero, por otro, les parecía un hombre aparecido por resurrección, como decía el mismo Herodes. El siempre ardiente; él, director del coro de los apóstoles, aun cuando todos son interrogados, responde solo. De haberle tenido por uno de tantos, sus palabras no hubieran merecido la bienaventuranza. La verdad es que antes de esto, los hombres que estaban en la barca, después de la tormenta de que fueron testigos, exclamaron: verdaderamente es éste Hijo de Dios Y, sin embargo, a pesar de su aseveración de verdaderamente, no fueron proclamados bienaventurados.

Porque no confesaron una filiación divina, como la que aquí confiesa Pedro. La confesión de Pedro, revelación del Padre 2. Y no sólo no se le proclama bienaventurado, sino que es reprendido por el Señor por haber hablado muy por bajo de la verdad. Cosas mayores has de ver Porque le confesó Hijo natural de Dios.

Tal vez pudiera pensar la gente que, siendo Pedro tan ardiente amador de Cristo, sus palabras nacían de amistad y adulación y de ganas que tenía de congraciarse con su maestro.


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Porque tampoco al Padre le conoce nadie-dice Él mismo-, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar Luego no es posible conocer al Hijo sino por el Padre, ni conocer por otro al Padre sino por el Hijo. De suerte que aun por aquí se demuestra patentemente la igualdad y consustancialidad del Hijo con el Padre. Por aquí hace ver ya que habían de ser muchos los que creerían, y así levanta el pensamiento de Pedro y le constituye pastor de su Iglesia. No te turbes, pues, cuando luego oigas que he de ser entregado y crucificado.

Y seguidamente le concede otro honor: Y yo te daré las llaves del reino de los cielos. Como mi Padre te ha dado que me conocieras, yo te daré las llaves del reino de los cielos. Y no dijo: "Yo rogaré a mi Padre"; a pesar de ser tan grande la autoridad que demostraba, a pesar de la grandeza inefable del don. Pues con todo eso, Él dijo: Yo te daré. Y qué le vas a dar, dime? Porque cosas que atañen sólo al poder de Dios, como son perdonar los pecados, hacer inconmovible a su Iglesia aun en medio del embate de tantas olas y dar a un pobre pescador la firmeza de una roca aun en medio de la guerra de toda la tierra, eso es lo que aquí promete el Señor que le ha de dar a Pedro.

Es lo que el Padre mismo decía hablando con Jeremías: Que le haría como una columna de bronce o como una muralla Sólo que a Jeremías le hace tal para una sola nación, y a Pedro para la tierra entera. Y al hablar así, no pretendo dividir las obras del Padre y del Hijo: Porque todo fue hecho por Él, y sin É1 nada fue hecho.

No, lo que yo quiero es hacer callar la lengua desvergonzada de quienes a tales afirmaciones se desmandan. Yo edificaré mi Iglesia. Yo te daré las llaves de los cielos. Y entonces-después de dicho esto- les intimó que a nadie dijera que Él era el Cristo. Porque todavía no había brillado con entera claridad su poder. De ahí que Él quería ser predicado por los Apóstoles, cuando la verdad de las cosas y la fuerza de los hechos vendrían a corroborar lo que ellos dirían sobre su persona.

De ahí su orden ahora de que a nadie dijeran nada. De ahí la prohibición del Señor de que nada dijeran sobre su filiación divina. Y es así que los apóstoles no comprendieron muchas cosas que el Señor les había dicho, y que no se les aclararon antes de la cruz.


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