Leer PDF La Dignidad: Un nuevo enfoque en el concepto de la dignidad y la pérdida de la misma

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Una moral tiene que reunir varios requisitos formales: ser autónoma, sus leyes tienen que tener alcance universal absoluto y no meramente general y ha de estar fundada en la libertad trascendental y en el factum de la moralidad. Sin embargo, la razón pura especulativa, precisamente por carecer de contenido experiencia , no puede conocer la libertad.

El hombre no podría tener deber ni responsabilidad alguna si no fuera libre. Y eso, aunque no sepamos teóricamente cómo es ello posible. El hombre, por tanto, como sujeto de deberes, responsable y libre, es persona moral. Kant busca, pues, un mandato que, no dependiendo de condición alguna, dependa de sí y se baste a sí mismo. A este mandato lo denomina imperativo categórico, en cuanto manda sin condición alguna y lo que manda es bueno absolutamente.

Se trata sólo de la buena voluntad, la que quiere lo que quiere por puro respeto al deber. Y aunque efectivamente el hombre es un sujeto empírico, y por tanto sujeto a la causalidad natural, eso no impide que por su racionalidad y libertad pertenezca en verdad al reino de los fines. La inmoralidad consiste, entonces, en dejarse llevar por la causalidad natural; en no imponer a la causalidad la causalidad no causada, con la cual la persona moral reafirma su libertad.

Sobre esta sólida posición filosófica puede escribir Kant con fundamento y autoridad estas admirables palabras:. Queda, entonces, terminantemente prohibido al hombre mediatizar o instrumentalizar al prójimo. Por el contrario, en todo hombre, por humilde que sea, se hace presente la sublimidad de su existencia. La consecuencia se sigue de suyo. Kant reclama autonomía y cree ver en la capacidad de la autonomía humana la ley moral por sí misma.

El replanteamiento de la dignidad y de la persona humana ha sido reelaborado desde nuevas perspectivas filosóficas en el siglo XX, enriqueciendo la comprensión de su multifacética complejidad. Por su parte, el gran metafísico español Javier Zubiri ha visto la persona como realidad subsistente. El derecho no sería ni algo sustancial ni sólo nominal, sino que consistiría en relaciones reales entre los seres humanos y entre éstos y las cosas.


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Peirce, sostiene que hay que fundar una ontología de las relaciones para reemplazar el sustancialismo que se suele encontrar en algunos sistemas jurídicos. La dimensión jurídica de la dignidad humana. Tanto para la filosofía cristiana como para la kantiana y fenomenológica, la dignidad es una cualidad moral radical y primaria.

¿Qué son los derechos humanos?

Es el primer predicado ontológicamente relevante y distintivo de la persona. Y la persona es el ser cualitativa y esencialmente primero y distinto del mundo y la creación. Comencemos indagando acerca de la relación entre vida humana y dignidad. La vida es, en esencia, la sustancia animal. El viviente se levanta sobre su corporeidad. La corporeidad es la condición ontológica posibilitante de la vida como cualidad fundamentalísima del viviente. No hay vida sin cuerpo. Pues viendo el cuerpo y la vida no como una suma de factores, sino como una integridad , como una mutua implicación óntica.

Si se ataca, en consecuencia, la corporeidad, se ataca la integridad y si se destruye el cuerpo, desaparece la vida. Foucault ha demostrado palmariamente cómo el poder político, por intermedio del castigo, se propone precisamente la destrucción del cuerpo como medio para aniquilar la dignidad. Es un viviente; pero el viviente humano es y constituye a su vez el andamiaje, sine qua non, sobre el cual se erige la persona. Sólo la persona es capaz de construir, sobre el mundo natural, un segundo mundo: el mundo de la cultura, mundo espiritual y simbólico que da cabida a los valores y a todas las creaciones del espíritu.

Sólo en la persona se constituye un complejo estructural de rasgos propios compatibles con relaciones de solidaridad con otras personas encaminado a su desarrollo y plena realización. De ahí que entonces, en realidad estos conceptos y las realidades que éstos representan sean, estrictamente, indiscernibles. La dignidad , por tanto, es todo aquel complejo de rasgos ontológicamente relevantes que hacen que el hombre sea precisamente persona y no otra cosa. En el nivel religioso depende de la relación con Dios.

El derecho comienza por asumir, al menos en parte, el sentido que la dignidad ha tenido en el mundo religioso cristiano y en la filosofía moral; pero también se desmarca en parte de éstos. Asume, junto a la filosofía moral y a la religión, que es una manifestación intrínseca de la persona humana, valiosa en extremo. El hombre religioso asume libre y voluntariamente su relación con Dios. El agente moral es capaz también libremente de elevar su dignidad, aun por encima de su persona o rebajarla a tal punto de destruirla. Pero en el derecho ocurre lo contrario: la dignidad puede ser seriamente dañada por los otros.

Por tanto, la dignidad humana, jurídicamente entendida, no puede desplegarse si se amaga la libertad política. Este es el dato fundamental.

Una distinción palmaria que confirma nuestra conjetura se encuentra en la Metafísica de las costumbres en donde Kant distingue y separa el derecho de la moral. Primero, una ley que se representa objetivamente como necesaria para una acción que debe suceder; es lo que se denomina un deber. Segundo, un móvil que liga subjetivamente la representación de la ley al fundamento de determinación del arbitrio. Atendiendo a los móviles de la legislación, hay una diferencia substancial.

Todo lo cual quiere decir que no por el hecho de que un mandato sea jurídico, no pueda ser a la vez moral. Lo que no puede ocurrir es que un mandato por el mero hecho de ser moral sea también jurídico.

Enseñar a los jóvenes el respeto de la dignidad

De esta suerte, la ley moral manda respetar absolutamente la dignidad de la persona humana; esta ley moral manda, entonces, primeramente, respetar la dignidad de mi persona en mi propia persona 35 porque yo mismo me reconozco a mí mismo como fin en mí mismo y, en segundo lugar, manda respetar la dignidad de las personas que hay en las otras personas, por la misma razón, porque son fines en sí mismas. Por eso el suicidio, al atentar contra mi integridad, es una acción inmoral, aunque no antijurídica; por el contrario, el homicidio es una acción en primer lugar antijurídica y, en segundo término, también inmoral.

Pero al derecho le basta con que sea antijurídica; no le importa si es inmoral. Hay que distinguir, pues, una dimensión interna de la dignidad y otra externa.

Un comentario

La dignidad encuentra su fundamento en la persona y la persona, a su turno, encuentra su fundamento en su corporeidad. La vida es una dimensión esencial del viviente y, por tanto, en el caso del hombre al menos, ha de ser respetada a la luz de la racionalidad; si la vida se hace merecedora de respeto entonces deviene un valor, moral primero y jurídico después bien jurídico. Y toda vez que alguien obstaculice la libertad de uno, o bien la amague o extinga, agravia no sólo al sujeto pasivo, sino al cuerpo social completo. Obviamente que si la dignidad fuera por principio ontológica y realmente inviolable, no haría falta ninguna prescripción jurídica.

Lo que ocurre es que aquí se confunden y superponen la idea de dignidad moral que, en efecto, es inviolable e intangible desde afuera con la idea jurídica propiamente tal que concibe la dignidad desde afuera y, por lo mismo, sujeta a deterioro o afección. La paradoja jurídica de la dignidad en el derecho penal.

Los Términos "Dignidad" y "Persona". Su Uso Moral y Jurídico. Enfoque Filosófico

Así, el castigo del homicidio tiene por finalidad proteger el bien jurídico de la vida, el de la detención ilegal protege el bien jurídico de la libertad, el del robo protege el bien jurídico de la propiedad, etc. Es una aflicción que se hace recaer primeramente sobre la corporeidad del reo y, en segundo término, sobre la persona en su compleja realidad moral, psíquica y social. De hecho, el derecho penal la suele definir como la privación de un bien, previamente previsto por la ley aunque, naturalmente, impuesta en virtud de un debido proceso.

Y al concepto de mal, en sentido jurídico, no hay por qué otorgarle, necesariamente, un sentido moral aunque de hecho lo puede tener , sino basta con un significado empírico. El mal causa sufrimiento, y de eso se trata. El derecho penal, pues, sanciona al infractor de la ley infligiéndole mal, o sufrimiento, en relación directamente proporcional a la culpabilidad.

El confinamiento en la prisión trae como inmediata consecuencia la privación relativa o absoluta de la libertad de acción y con ello también una nueva forma de denigrar a la persona humana. Deja el cuerpo en paz y se va directo al alma. Porque, en efecto, a nadie se le ocurriría decir que la pena no es un mal, sino un bien, porque si así fuera entonces todo el mundo correría tras ese extraño bien. Obviamente, entonces, la pena no es un bien. Sólo si se asume que la dignidad es un bien moral que no se puede dañar desde afuera, podríamos conceder que el castigo judicial deja intacta la dignidad del individuo.

Pero ya hemos demostrado que al derecho no le incumbe, al menos primordialmente, la dignidad moral. Al derecho le interesa la dignidad empíricamente entendida y ésta se expresa, como ya se ha visto, a través de la integridad corporal y el ejercicio real de la libertad no la libertad metafísica. Un punto discutible reside en lo siguiente: así como desde el punto de vista teológico la dignidad se pierde, pero gracias a la confesión, al arrepentimiento, a la penitencia y a la promesa de no reincidir se recobra porque Dios perdona , podría ocurrir algo semejante a los ojos del derecho penal.

La dignidad.

El pensamiento moderno, desde Beccaria a Kant pasando por los ilustrados franceses, rechaza enérgicamente esta idea. Al derecho no le compete corregir moralmente al criminal; sólo le compete castigarlo cuando ha incurrido en el delito y, mediante el castigo, conminarlo a que no vuelva a reincidir. Esta infinita infinitud vincula esencialmente al hombre con el Absoluto. Para el cristianismo este Absoluto es, obviamente, Dios. El hombre participa del Absoluto porque siendo substancia o existente racional es capaz también de vida eterna. La dignidad, en consecuencia, le viene de Dios.

La dignidad se puede dañar o destruir destruyendo el soporte corpóreo del ser humano o imposibilitando el ejercicio de la libertad. La dignidad es, pues, un complejo espiritual y real. El ser humano es primero y radicalmente un viviente; sobre este andamiaje biológico se levanta orgullosa la dignidad y, precisamente porque hay dignidad, hay derechos humanos.

Ese es el orden ontológico y gnoseológico correcto. En todo caso, eso sí, es un bien jurídico de origen y fundamento moral. La ponderación racional, ahora desde el punto de vista moral, 43 debe aceptar el mal menor que es justamente el derecho penal. Díaz, C. Gredos, Madrid, García-Huidobro, J. El iusnaturalismo actual. Abeledo-Perrot, Buenos Aires, ; también del mismo autor conviene tener presente El derecho natural y sus dimensiones actuales.

Las razones del Derecho natural. Rodolfo Depalma, Buenos Aires, Bunge, M. Nueva Visión, Buenos Aires, Atlas, J.