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Un fiordo inhóspito. Un golpe directo a la yugular. Lik dette: Likar Lastar …. Liknande innhald. Author archive Nettstaden til skribenten.

Sinopsis del Libro "El tribunal de los pájaros" escrito por Agnes Ravatn

Du er flink, du! Bente Teigen Gundersen april 3, at am Svar. Legg att eit svar Avbryt svar Skriv kommentaren din her …. Fill in your details below or click an icon to log in:.

Materia en Libreria Didot

Om dette Bente Teigen Gundersen. Tvytringar Error: Twitter did not respond. Please wait a few minutes and refresh this page. Vil du vite meir? Send til e-postadresse Ditt namn Di e-postadresse. El piloto veterano de muchos viajes, no puede explicar el suceso. Se aprovisiona de agua y víveres en la desembocadura de un río. El ave persiste en su mutismo. Massardi se impacienta y pide poner rumbo norte. Lancelotto ordena alzar velas. Un día después dos marinos manifiestan estar agripados y tener fiebre.

Los acomodan a resguardo y se dispone que otro de los hombres se encargue de hidratarlos y bañarlos para hacer descender la temperatura.

Funcionamiento del Tribunal de Justicia – Conceptos básicos

Al amanecer, saca a su prisionero para que la salida del sol lo inspire, sin éxito. Al cuarto día la cefalea es terrible y los abate la dificultad respiratoria, uno presenta epistaxis, que le es controlada a presión. Al quinto día comparten alucinaciones y corren espantados por el barco lanzando golpes al aire.

Cuatro hombres mueren de insuficiencia respiratoria en manos del indígena. El natural insiste en la necesidad de liberar los canarios, mas Massardi —que ante las ausencias terrenales de Lancelotto ha usurpado en forma vedada el poder— se niega a creer las supersticiones. Amenaza al brujo con pagar con su vida la muerte de otro tripulante. Ese día le inicia la fiebre a Malocelli.


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Es un bosque distinto este que corre. Lamenta el destino de su espada en manos ajenas. Con ella daría la vuelta y esperaría, pero sin armas es un animal indefenso y debe huir. Oye, a lo lejos, el grito de sus hombres cautivos. Debía haber vigilado las sombras, pero es tarde para frenar y evitar la garra que lo derriba de bruces, entre excrementos de aves. Lo toman de los cabellos y se elevan por los aires. Malocelli aulla. El que lo lleva, lo suelta, aturdido:. Agita sus manos. Otro, lo recibe, se lastima el brazo. Entonces lo acomoda con cuidado y lo sostiene suave, por el vientre.


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Malocelli se aferra para no caer. Es mejor permanecer en silencio. Malocelli lo mira sin entender, es malo hablar dormido. Tiene miedo de ser envenenado por los subalternos y pide que todo sea probado por un reo. Lo zarandean hasta ubicarlo de frente. El conoce que es su juicio, pero en vez de miedo experimenta goce, nada puede tocarlo y, sí, disfruta de la locura del sueño. Sonríe cuando reconoce la mancha del copete que entona su nombre:.

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Malocelli ríe. Dieciséis días de casa y sólo lo juzgan por uno.

Es un juicio de pacotilla. Un ave son todas las aves —le anticipa el Supremo— y hasta donde le sea posible intente cantar sus respuestas, nos fastidia su salmodia.

El tribunal de los pájaros

Entonces vocifera:. No crea que nos ha encontrado, pues ha sido un duro viaje a través de la fiebre y ahora no hay nada que nos impida volver.

No lo juzgamos en forma especial como individuo, es usted solo todos los hombres. Malocelli no puede contenerse y vuelve a soltar una carcajada. A medida que el juez habla, todo recobra sus proporciones, lo ve de nuevo en su gavia y el curandero le sostiene la cabeza y le da agua. Malocelli se incorpora. Tambaleante, apoyado en las paredes, se dirige al puente, quiere revisar la ruta, que le den informe de los enfermos.

Deberían haber llegado hace un día y parece que Europa se alejara. Malocelli escruta los cielos. Es inconcebible que en un instante todo se nuble y cambie.

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El duda ante los constantes yerros del viaje. Debería descansar un poco, aguardar la acometida de la fiebre que por momentos lo suelta. Pero no, hay que darle tiempo a que se adapte al hogar y demuestre que los esfuerzos por tenerlo no han sido en vano. El cansancio lo doma como un lento masaje y apoya la cabeza entre las sogas. Lo arrulla el sinuoso, el tardo recorrido de la correosa espalda verdinegra del reptil. Espantado levanta la frente, la jaula vacía, despedazada; y la enorme quijada sembrada de colmillos avanza suspendida de un cuello inmenso hacia él.

Este monstruo que he sido, es la misma ave que silba una romanza. Malocelli con miedo nota que la audiencia ha variado. Se halla rodeado de bestias que amenazan atraparlo. Ahora, él, llamado negociante de aves y de individuos de su misma condición. Como si la borrasca traspasara las fronteras del delirio y lo arañara con los ojos abiertos, sin alcanzar a dudar que, de un momento a otro, correría, como los marinos, espantando los diablos que lo persiguen. Tenía que dar la orden de buscar tierra y reposar allí, esperar que su cuerpo restablezca las fuerzas y pasen esas visiones.

Massardi se demoraba en buscar el sendero entre las olas y el mal tiempo se hacía infinito.