Leer e-book El clavo (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)

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Ya con una ideología conservadora, en la prensa publica numerosos relatos y novelas cortas que le aseguran un puesto entre los primeros narradores del país. Fue este libro muy apreciado y leído en su tiempo por su viva y prolija descripción de la vida militar, y sus reimpresiones terminaron por rendirle una auténtica fortuna y una celebridad no pequeña. Estos artículos rebasan el interés meramente periodístico, constituyendo un ejemplo para toda la literatura de viajes posterior.

De nuevo interviene en política a favor de estos en En se casó con Paulina Contreras Rodríguez en Granada, de cuyo matrimonio nacieron cinco hijos, dos varones y tres mujeres. El mismo año de su boda fue desterrado a París ; ya vuelto a España, participó en la batalla de Alcolea y con el triunfo de La Gloriosa en es nombrado ministro plenipotenciario en Suecia; pero renuncia y obtiene un acta de diputado por Guadix.

En publica El sombrero de tres picos , y en menos de diez años es reimpreso varias veces y traducido a diez lenguas. A la primera serie corresponde el impresionante relato "El carbonero alcalde", a la segunda " El clavo ", historia policiaca de patético desenlace llevada al cine con gran éxito, y a la tercera "El amigo de la muerte", historia "a lo Edgardo Poe ". Fue también diputado, senador y embajador en Noruega y Suecia. La pródiga expone las terribles consecuencias de unos amores ilícitos; pero la crítica apenas sintió ya interés por esta obra y el autor se sintió amargado por lo que llamó "la conspiración del silencio".

Hacia , convencido de que en el camino del realismo lo había dado todo, se condenó al silencio. Tal vez influyeron las críticas de sus antiguos correligionarios liberales.


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Por ejemplo, Manuel del Palacio escribió sobre él lo siguiente:. Su primera obra narrativa fue El final de Norma , que no vio publicada hasta Desde hasta agregó a los relatos la redacción de libros de viajes. En publicó El sombrero de tres picos , desenfadada visión del tema tradicional del molinero de Arcos y su bella esposa perseguida por el corregidor. Recogió sus artículos costumbristas en Cosas que fueron y sus poemas juveniles en Poesías. También intentó el teatro con su drama El hijo pródigo , estrenado en Destacan El carbonero alcalde , El afrancesado , El asistente y, la que algunos consideran la mejor de todas, El libro talonario.

De entre todos, descuellan el P. El protagonista de la novela, que es víctima de sus calaveradas de joven, aprende a asumir su pasado bochornoso mejor que a pretender ocultarlo con mentiras burguesas. El primero era la antítesis entre arte y realidad: "el cuadro, la estatua, el drama, la novela, siempre versaron acerca de lo excepcional , heroico y peregrino Porque hay otra realidad la de las regiones superiores del alma En cuanto al segundo principio, este se basaba en la idea de que el arte debía cumplir una finalidad moral: "Las obras de arte Alarcón quiere sumergir a su lector en un doble exotismo, un Antiguo Régimen que remite a Goya o a Ramón de la Cruz, y una Granada sonriente, buena, espiritual sin ser vulgar, alegre sin ser sensual.

Y finalmente la ironía del cuentista hace al lector cómplice de una situación deleitable: la derrota del funcionario real, del poder central. Sonrióse Pilara y respondió:. Y por no atreverse y por conocerlo y por renegar de sí propio, salió ahumando de la corralada, igual que Quilino, sin despedirse siquiera.

Allí estaba la moza en cuerpo y alma, y allí la veía él con su cara redonda, colorada y fresca; con su mirar parletero y su boca risueña; con sus caderas macizas que retemblaban al andar; con su seno profuso y sus hombros anchos y fornidos; limpia como los oros, y un brazo de mar para el trabajo. Y al ver cómo se iban poniendo las suyas y que la paciencia se le acababa, llegaría pronto la necesidad de decidirse a renunciar a ellas, o de ponerlas en manos de su padre. Y entonces No era nueva la casa ni tampoco muy vieja, ni tenía escudo de armas sobre el cuadrante incrustado en uno de los esquinales del mediodía, ni en parte alguna de sus fachadas; pero era grande, de dos solanas bien extensas, con buenas cuadras, pajares y graneros; pozo, pila y horno en el corral, y mucho rumor y tufo de ganado al pesebre, que se percibían en cuanto se penetraba en el hondo soportal.

Acercóse a la puerta del estragal, que tenía cerrada la mitad de medio abajo; metió en el vano la cabeza y buena parte del busto, y gritó allí con toda su voz, que no pecaba de suave:. Pedro Juan -respondió la de éste. Acogió el mozo con un reniego el mandato; y después de golpear la media puerta con los peces, metió el brazo derecho por encima de ella, volvió a la estorneja tarabilla que la mantenía cerrada, y entró. Al llegar Pedro Juan arriba, el bulto negro con las dos manchas blancas se internó en un carrejo oscuro, a cuyo extremo y a la mano derecha se veía un rayo de luz que salía por una puerta.

El Josco siguió al bulto, con los brazos extendidos y pisando a plomo por precaución muy cuerda, y así llegaron los dos a la cocina, cuya era la puerta por donde salía el rayo de luz, y en ella entraron. Entonces llevaba una badila en la mano.

Si ya os he dicho Toma, toma, Romana, hazte cargo de esto; y si puede ser, echa a la sartén el rodaballo para cenar esta misma noche. Cabalmente me alampo yo por los rodaballos Como que voy a llamarla para que lo vea. Y salió a la puerta de la cocina, gritando allí muy recio, mientras Romana tiraba los peces encima de una mesa:. Luego, volviendo hacia Pedro Juan, que ya quería largarse de allí, le dijo:. Pues una copa de aguardiente. Pues no sé qué darte, mira. Lo que quiero es volverme a mi casa, si no hago falta aquí, porque ya es tarde.

En esto entró Inés en la cocina. Pedro Juan la dio las buenas noches con toda la cortesía y la mayor dulzura que cupieron en su rudeza natural, y ella contestó con las mismas palabras y media sonrisa que las sazonó muy sabrosamente. A peseta una con otra, tres duros mal contados No es cosa mayor; pero tampoco tan mala que digamos para jornal de una tarde.

Semos dos a ganar poco, y son los mil y quinientos a jalar de ello De modo y manera, que con una mano se coge y con otra se da Y con esta despedida y una cara muy fosca, salió Pedro Juan de la cocina. El padre de Inés le siguió; y al llegar el primero a la puerta de la escalera, le dijo el segundo:. Los atrasos son como las enfermedades, que si dan en caer unas sobre otras, acaban por matar al enfermo. No te diré que me llame a la parte en esos tres duros de la r de hoy, aunque bien pudiera; pero si dan en pintar bien las siguientes No vio el sujeto que así hablaba la impresión que iban haciendo sus palabras en el temperamento bravío del hijo del Lebrato, porque el carrejo continuaba a oscuras; pero, en cambio, sintió retemblar aquella parte de la casa tras una recia patada en el suelo, y oyó que la voz enronquecida e iracunda de Pedro Juan le dijo:.

Y se largó escalera abajo, echando por la boca rayos y centellas, a media voz. Al llegar al corral, oyó que le decía el otro desde la solana:. Es cosa muy diferente Pero que no es de urgencia, que no es de urgencia: cuando buenamente pueda, que lo primero es lo primero Ahora, a las redes mientras hay mareas al caso y den el jornal, como la de hoy.

Yo tenía que verle para un asunto que puede interesarle mucho; y con todo y con ello, hace ya días que lo voy dejando por no tratar con él. Pero, hombre, lo que parece increíble es que un sujeto de la calidad de ese, consienta lo que consiente en su propia casa y se exponga a lo que se expone Y como Pedro Juan no mostrara señales de apurarse por conocer lo que dejaba apuntado don Elías, éste, tras un breve rato de silencio, continuó así:. Pedro Juan continuaba oyendo y sin decir una palabra.

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Pero eso, a Dios que lo sabe: el caso es que desde entonces y a creer a las gentes Ni por esas se pintaba el menor signo de curiosidad en la cara del oyente, ni pronunciaba su boca una palabra. Don Elías no se creyó desairado por tan poca cosa; y después de una pausa no muy larga, comenzó a echar el resto de este modo:.

Volviendo a Marcos, has de saberte que buscando un modo de ganarse la puchera sin quebrantarse los lomos, discurrió estudiar para cura, después de darle el de su lugar medio curso de latín, y de levantarle el falso testimonio de que entraba por él como dedo por la sortija. A todo esto, el Marcones era díscolo, rebeldote y soez, como un demonio; y armaba en casa cada catacumba porque tardaban en cumplirle el gusto de irse al seminario, que tiritaba San Pedro Cerca de otros dos años se aguantó en él, sabe Dios cómo, y a expensas de su tía, o lo que es lo mismo, del Berrugo, que ponía el grito en el cielo a cada sangría que le arrimaba la mujerona esa, pero que al fin pagaba.

Lo que tenía que suceder, sucedió. Podría el Berrugo conocerlo o podría no. De cualquier modo, allí estaba la que mandaba en todos para obligarle a que anduvieran las cosas al gusto de ella. Te lo digo, Pedro Juan, que aquel día arde esa casa con el Berrugo adentro Y es bueno saber de todo. Anda con Dios, que ya es tarde Y con esto y un golpecito sobre el hombro de Pedro Juan, se despidió de él don Elías y enderezó los pasos hacia su casa. Muy cerca ya del corral, echó otra tan repicoteada como la anterior.

No había nadie allí, y la casa estaba cerrada y en silencio, como todas las del barrio. De pronto oyó un ligero ruido y notó que se abría la ventana de la cocina que caía al soportal. Fueron también motivo de sorpresa los propósitos que apuntó de enredarse en labranzas y ganaderías, con el fin de sacar el mejor fruto posible a las tierras que desde Sevilla había ido comprando en el lugar.

Porque hay que advertir que Baltasar compró muchas tierras en su pueblo: todas cuantas se ponían en venta; y compró también la casa en que había nacido. Aunque no lo lloraban tanto como él, lo mismo les sucedía a todos y a cada uno de los de su casa. Ahora, no se olvide tampoco que estos tres barrios solos forman la municipalidad de Robleces, como creo que ya se ha declarado. Y a flote le puso el prestamista; y de tal modo, que a los dieciocho meses era suya la casa del Mayorazgo, libre y desempeñada.

Ya tenía el hijo de Megañas ancho y bien oreado albergue. Naturaleza inculta y vulgar, era irreconciliable con el buen sentido y esclavo de todas las supersticiones.

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Se burlaba del médico, y admiraba al curandero; rechazaba con asco los jarabes de la botica, y se envasaba en el estómago, lleno de fe, las azumbres de inmundicias que le preparara un mendigo piojoso en un caldero indecente. Creía en brujas a puño cerrado, y en la virtud contra ellas del azabache, de los dientes de ajo y de las matas de ruda, y lo llevaba al cuello cosido en un trapajo.

Esta era su manía. Todo esto era la normal en su temperamento de supersticioso. Vestía muy modestamente y no asomaba a la taberna. Cruz era guapa, muy guapa, y andaría rayando en los veinticinco años.


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Y lo que no publicaron estos síntomas harto significativos, lo declaró la disculpable infidelidad de los sirvientes de la casa. Bien que ella vigilara la cocina y hasta cocinara, y remendara y cosiera y dispusiera el ollón extraordinario para los obreros, cuando los había; pero pagar con su propia mano, ajustar, siquiera, lo que no había en la huerta, en el corral o en el granero de la casa Esa era la ley, y por eso, y mientras él fuera quien era, no se sentaría nadie a su mesa sin haber ganado antes con su trabajo lo que en ella había de comer.

En estas condiciones halló Inés el cuadro de su familia al venir al mundo. Cayó en brazos de su abuela, que estaba allí por previsión muy atinada de su madre no muchas horas antes de serlo; la cual abuela hizo en aquellos días una verdadera razzia en el bien provisto gallinero, sin importarla un ardite la cara que ponía su yerno cada vez que aleteaba una gallina entre las ansias de la muerte.

Pedro Antonio de Alarcón

El bautizo no fue muy ostentoso, pero tampoco miserable, gracias a los abuelos que apadrinaron a la recién nacida y argumentaron a su gusto la solemnidad. Y se entregó en cuerpo y alma a aquella santa misión, que rayó en locura de amor materno.

Noviembre de 12222

La naturaleza de Cruz, tan combatida por los dolores morales, no pudo triunfar de este gran esfuerzo físico sin padecer un profundo quebranto. Su inapetencia era calificada de melindre, y su debilidad, de holgazanería. Allí no había modo de hacerlo fuera de casa.

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes crea un portal de Pedro Antonio de Alarcón

Tanto mejor para su madre: ella la enseñaría cuanto sabía. De este resultante tomaría la enferma cosa de cuartillo y medio en ayunas, y como media azumbre entre comida y cena. Por uno bien manifiesto no reventó la pobre enferma, que tomó la primera dosis de aquella barbaridad por no atreverse a resistir los mandatos de su marido; pero la entraron tales bascas, trasudores y desmayos, que se puso a morir. Y el pedazo de bruto se hartó de vahar a las narices y boca de la desdichada, vapores de cebolla y aguardiente, que eran el lastre de la cloaca de su estómago; con lo que la enferma pensó fenecer allí mismo de indignación y de asco.

No dando fruto el saludador, vino una curandera. Había, pues, que encajarlos, y a eso se procedió inmediatamente. Si para conseguirlo no hubieran bastado las fuerzas de la curandera, se hubiera amarrado a la paciente a los pies de la cama o a un poste; y tirando unos de los brazos y apretando otros por la espalda, se hubiera logrado también el mismo fin.