Leer PDF Dar rosas y recibir espinas

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Conmovedor del campanario Y el eco moribundo de una flauta; Cuando en mis largas noches de desvelo El graznido de un bho me amedrenta, Cuando un rayo de luna amarillento Por mi alcoba se cierne con recelo; Cuando el raudo compas del aguacero Y al abatido son de una guitarra Entona la cancin que lo desgarra, Cansado de beber, algn trovero; Oh! Seor cuando el ciego pordiosero Grita y solloza en el portn avaro, Llevando por consuelo el desamparo A trueque de su llanto lastimero! Hasta cundo, por Dios, si ya no hay medio De apartes del ser este abandono, Y el despecho tenaz que es un encono Corrosivo del alma, sin remedio.

El cultivo de la rosa

Si tormente Alguno me dir, tal vez maana Cuando arruga este mi pobre frente: Que mozo tan cobarde, cuanta cana! S, pero ante quien no siente Ni comprende jams que esta tristeza Arrugas, nada ms, deja en la frente, Y canas, nada ms, en la cabeza. Y desafiando en mis prisiones Esa ira cascabel de los bandidos!

Cómo enraizar una rosa ya cortada con una papa y hacer que florezca, increíble!

Las ancianas vividoras En que suelen dormir las aves mustias Pensad, oh necios de medula oscura, Que en frentes turbulentas y quemadas, Las canas solo son la sepultura De ilusiones que mueren congeladas! Oh canas en mi frente prematuras, Oh canas destrozadas, blancas canas, Contadles a los hombres que son duras Mis noches de dolor, noches tiranas! Pasto, ABANDONO Cuando trinan las aves son congojas All en el saucedal yerto y sombro, Doblarse he visto las calladas hojas Hacia el cauce letal del turbio rio; Y he visto que en sus rimas ha batido Ligero el viento sus aleves galas; Para llevar hasta el desierto nido La nota del dolor, entre sus alas.

Cuando yo canto, cuando yo imploro, Cuando muero a travs de mi lirismo, Ni el viento escucha mi pensar. Mi lloro, Y nadie mi clamor, todo es lo mismo! Si siento el corazn que mustio se hunde En los tumbos del ltimo latido, En sombras el suspiro se confunde, Y en las sombras se pierde hasta el gemido. Y vivo as! Como ave desbandada Que huye del monte y emigro al vaco! Vida abandonada Que en busca de calor solo halla frio! En los harapos de su pobre manto Algo quiso ocultar ms fue imposible: Le vino un paroxismo Y una lluvia de llanto, Al golpe horrible De tener que encontrarse con mi mismo!

Cruzo, como el relmpago, en mi mente, El recuerdo de su memoria, Y toda nuestra historia La vi ligeramente. Fue la negra traicin de su pasado. Sello con sangre en las dobladas hojas, Y por eso la vi tornarse en rojas Sus mejillas, escombros del pecado! Un ente en la conciencia, me envenena, Y este nio es el hombre, que me mata!

Destacamos

Pobre mujer desventurada y loca, Loca mujer que mi pensar provoca! Cay su carne impura, Su conciencia tambin cay llagada, Ser desvergonzada En el caos de su misma sepultura? Porque mi madre estaba sin comer -me dice- que cambio con su azucena El oro de un infame mercader! Perdnala Seor! Perdn, Seor, para esa magdalena Que llora mucho, que su llanto amarga!

Por hambre es que tuvo que vender, -me lo ha dicho, Seor, con onda pena, Pero que jura no volverlo hacer Perdnala! Las hondas bajan repasando en coro El tierno despedir de las laderas, Es tanto que en el glauco sicomoro Solas estn dos aves mensajeras. La tribu errante de lejana villa Nunca pone la planta en esta orilla En que abrevar espanta el fiel camello; El agua es tersa, transparente, clara, Pero dibuja entre su fondo un sello De la tristeza inmensa de la Sahara.

Sobre un pen de felpa ensombrecido Una avestruz est guardando el nido Y all a lo lejos de la azul barranca, Como endecha de amor, mahometana, Rumora en su rumor el agua blanca Al son de una trovera musulmana. De pronto, hay un gemido Que aterra en la llanuraes el graznido De aquel incauto habitador risueo, Que por aguardar el nido Cayo en profundo sueo! Ya la densa Neblina su cedal de bruma, tiende Y al hondo mar en su quietud inmensa No conturban las ondas ni la espuma. Que nos importa si maana ladra A nuestra espalda el can de la protervia, Cuando yo s que cuando ms taladra Un indigno Mi ser crezco en soberbia!

Deja que los que nos odian nos persigan, Que enconen su dolor, que hagan alarde De su calumnia vil, que nos maldigan! Pero ven, ven, por Dios! Que se hace tarde.


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No vaciles ms: olvida el huerto, El florestal, la hamaca, la palmera: El mar est tranquilo y en el puerto Una barca no ms mucho te espera! Corre, avanza! Despoja de tu ser tanta penumbra, Y piensa que ser nuestra esperanza Luz aural que nuestra noche alumbra! Ven, ven la barca espera! Ya la densa Neblina tiende su cedal de bruma, Y al hondo mar en su quietud inmensa No conturban las ondas ni la espuma.

Ya contigo aunque reviente el trueno, Roja la tempestad, se hincha la ola; Sigue, una vela t, yo con el freno, Solos los dos en nuestra barca sola! T, fresca, linda, pura Adorable miniatura De oro, rosa, y porcelana.

El cultivo de la rosa

Dime, sin gesto de enojos: En qu pas encantado Que reina hubo reinado Con el primor de tus ojos? Llego a blandir caballero Por clavel ms encendido Que el de tu labio pulido Su clara hoja de acero? Princesita, soberana Oh! Infante de veste grata Que en los pinceles de enero Retozas con el arquero Del fino carcaj de plata. Flor, la ms consentida; Rayo que alientas la vida Para sufrir su tortura. Por el milagro de armio Que surge, surge triunfante Entre la blonda flamante Y el mbar de tu corpio.


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Por tu apacible realeza, Por tu mirada sencilla, Por tu inocente mejilla Y por tu rara belleza. Canta su canto sonoro Me leve alondra sagrada. T eres el hada rosada Que vi en mis sueos de oro! Ella me oy sin parecer turbada Por aquella explosin del sentimiento. Volvi luego su faz idolatrada Y fijando en mi rostro su mirada As me dijo con tranquilo acento. Hay una flor que teme los ardores, Flor misteriosa que a nacer se atreve De la noche polar en los horrores, Y que al volver del sol los resplandores Queda su cliz convertido en nieve.

As mi corazn que nunca tierno A los gemidos del amor responde, Y en sus fibras anida un frio eterno Es flor del polo que formo el invierno Y a las caricias de la luz se esconde. Y juntando la burla a su desvi, Luego aadi: tu corazn me ama? Arrncalo a tu pecho ya que es mo Tal vez consiga disipar mi hasti Al contemplar el fuego que lo inflama! Toca, mujer, le dije en mi despecho, El fuego que arde en el jirn desecho De este afligido corazn amante! Ella sonriose al escuchar mi ruego, Miro aquel nido de amor y el llanto, Lo tomo entre sus manos, pero luego Sinti la llama del oculto fuego, Y a mis pies lo arrojo, llena de espanto!

Recog de la tierra exange y yerto Aquel despojo de mi amor nefando; Lo vi un instante, desgarrado, abierto Y luego cual si fuese un nio muerto Abrime el pecho y lo guarde llorando! II Tiempo despus el genio y la fortuna Agitaron sus alas en mi frente, Y a la plida luz de la blanca luna Volvila a ver hermosa cual ninguna Mas tambin cual ninguna indiferente! Entonces deslumbrante de riquezas, Ofrecile diamantes, oro, perlas Rend a sus pies laureles y grandeza; Y ella cual siempre con fatal dureza Rechazo con desdn mis resplandores! Al ver entre los dos tan hondo abismo, Rugi en mi corazn odio salvaje, Y de rabia en in ciego paroxismo, Te odio!

Le dije y al instante mismo Vibro en mi labio vengador ultraje! La vi entonces que ansiosa y conmovida Clavo en mis ojos su mirada ardiente Luego se me acercoy al fin vencida, Como paloma por la flecha herida Cayo en mis brazos y beso mi frente. III Ms; ay! Que un imposible sin embargo Eres Oh amor! Mas, que importa? No el lbrego letargo El triunfo esperare de mis antojos, Ella me oir, le rogare de hinojos, La lid es recia, pero el tiempo es largo.

Y si todo es en vano, si en la lucha Caigo vencido al fin; si en mi agona Ni mi postrer adis siquiera escucha.

Si el combate es de una hombre y de una estrella Oh que dulce frucion la frucion ma! Morir de amor, pero de amor por ella! Beber el dulce y espumante vaso Que una ilusin nos brinda a cada paso Con caricias de lubrica mujer, Para luego despus mirar trocadas En espinas punzantes, afiladas, Las rosas del placer.

Esperanza, ilusin. Mujer impura! Opio del corazn, deidad futura, Torpe embriaguez del pensamiento enfermo. No vuelvas atentar, prfida loca! Si en el yermo la paz nunca sofoca, No vuelvas a mi yermo! Los ajenjos de Verlaine, las desventuras, las afrentas de Wilde, la noche miserable de Lamartine, las hieles de Leopardi, de donde provinieron? No son las alegras del burges y el sibarita, ni las tristezas del hurfano y el paria; encontradas al acaso en este inmenso laberinto de la vida, El oro de la opulencia o la miseria del andrajo, cualquiera de ellos ser, desde la cuna hasta el sepulcro, el Invariable compaero del que ha nacido para hallar en su camino rosas o para ver entre su ruta espinas; De aqu que no extrao mirar que un alma intelectual, poseda de los amargos principios que acabo de anunciar, persiga en los soportes del alcohol el refugio consolador de una esquiva tranquilidad que nunca lo acompaa; De aqu que un cerebro turbulento y pensador, enferm, tal vez, de agona y desesperanzas, se endilgue sin temor a escanciar en los bancos de un tugurio tabernario las copas del veneno que lentamente ha de cortar la hebra tormentosa de la existencia trgica.

No pretendo con lo dicho hacer la apologa del vicio: yo lo detesto, lo abomino y lo combato; Es el alcohol el mimado primognito de la perfidia y el delito Que piense, quien sienta, quien lleve las entraas desgarradas por secretos mordedores, nunca acerque hasta sus labios la copa del licor efervescente, que, con sonrisas de necia pecadora, lo arrastra en su demencia a las acres hondonadas de la ignominia, la desgracia, el deshonor. La crcel, el manicomio o el suicidio, he aqu esta espantosa triloga al final de las intemperancias de una noche de alcohol; Oh, no busquis como remedio a vuestro mal el toxico del vino!

Ella, la dulce abrigadora de su lecho Entristecido por las sombras de la Angustia, el silencio y la tragedia Pensativa y plida, reclinada sobre un Divn de su pulcro dormitorio, velaba El sueo de los hermosos pequeuelos Cuando l, abri trasnochador, Abri la puerta de la alcoba, y entro Ella le deca: Por qu con furor al vicio De la champaa, el ajenjo y la morfina, Si entorpecido el juicio Vas caminando con inmensa ruina Del negro bodegn al precipicio? Por qu ya tantos soles te amanecen Empapando en ginebra tus dolores Si nunca se adormecen; T, que sabes muy bien que los licores, Enemigos del alma, te embrutecen?

Por qu el pueril y enloquecido empeo De brindarles, cobarde a sus tristezas Un vaso de beleo, Si con bochorno en tu desgracia empiezas A rodar con los vrtigos del sueo? Por qu en tus oprobiosas borracheras Te arrastras sin pudor en bacanales De impdicas rameras, Y cambias con tu honor y tus caudales La amistad de las sucias taberneras? Por qu tu sien en la embriaguez olvida Que por tus vicios el dolor devora El alma enflaquecida De esta mujer que te ama y que te adora, Con tus hijos retoos de mi vida?

Por qu ya nunca en tu cerebro hospeda El ritmo de virtud con que tejiste, Como un hilvn de seda, La estrofa de esperanzas que me distes Al encontrarnos ay! En mi vereda? Y cayo, enmudecida ente el fracaso Del corazn! Entonces el borracho y tambaleante, Alzo con estupor, junto al lecho Que amaba en otro instante, Un copa fatal y con despecho La lleno de un narctico asfixiante. Los parpados despiertos De unos ojos profundos y expresivos Estaban medio abiertos Y pens en los horrores de los vivos Y en el silencio horrible de los muertos -Yo brindo, dijo, por la vieja Grecia; Por el miraje azul, por el aroma Del alma de lutecia, Por los polvosos mrmoles de Roma; Por los cielos de Atenas y Venecia; Por el hado espectral de los ungidos En la caverna abrupta de los recios Dolores escondidos, Por los que el mundo agobia con desprecios Por mirarlos vivir siempre cados!

Por el mal que a mi espritu provoca Con un cincel que enfurecido empua Contra mi muerta roca, Por el adis de Silva, y por Acua, Me voy, con el veneno entre mi boca! Y con siega actitud aquel demente, Iba a cortar su vida infortunada, Rabioso y maldiciente, Cuando una breve manecita helada Le arrebato la copa, dulcemente.

Curiosidades

Era una chica de color de cera, Miniatura vivaz, flor de montaas Abierta en primavera, Quien, rasgadas de pena las entraas, A su padre le hablo de esta manera: -no bebas ms! Tu trgica bebida Se ha robado mi pan amor bendito! Mi madre est dormida No quieres despertarla, padrecito, Porque suele llorar entristecida! Moribunda la luz de una buja Iluminaba el pulcro dormitorio De aquella muerte fra Mientras el ebrio, en el divn mortuorio, Ante el cortejo fnebre dorma!